Nuestras decisiones y elecciones diarias están guiadas por nuestras esperanzas e ilusiones. En tiempos de tantas decisiones y ajetreo, como los de todas las preparaciones para una fiesta de Navidad “perfecta”, vale la pena preguntarnos, ¿qué lugar doy a la esperanza que guía mi vida? La esperanza es el gran regalo de la Navidad. En Jesús encontramos el Regalo Perfecto porque, “llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza” (Papa Benedicto XVI). Dedica un momento hoy para pensar en qué has puesto tus esperanzas en esta Navidad.

Pregunta del día: ¿En qué deposito mi esperanza más grande? ¿En mí mismo? ¿En el dinero? ¿En mi familia y amigos? ¿Dios?

Señor, ayúdame a depositar mi inquebrantable esperanza en ti y a permitir que mi relación contigo se refleje en mis decisiones cotidianas.