En el frenesí que conduce a la Navidad, es fácil distraernos y olvidarnos de encontrar tiempo para rezar. Otros incluso han renunciado a la idea de rezar juntos, en la convicción de que sus oraciones no tienen respuesta. La historia del primo de Jesús, Juan el Bautista, nos ofrece una lección sobre el amor misericordioso de Dios por nosotros y la importancia de la perseverancia en la oración. Después de décadas de tratar de tener hijos, Isabel, la madre de Juan, era considerada estéril; sin embargo, el ángel Gabriel le aseguró, “tu súplica ha sido escuchada”. Nueve meses después, para la jubilosa sorpresa de todos, Isabel dio a luz a Juan, que sería quien iba a preparar el camino para el ministerio de Jesús. Dios siempre escucha y responde nuestras oraciones a su propio tiempo y, a veces, de formas inesperadas. Durante esta semana final de Adviento, persevera en la oración. Hazte tiempo en el ajetreo para pedir a Dios lo que guardas en el corazón y mantente abierto para ver su respuesta en tu vida.

Pregunta del día: ¿Qué has pedido a Dios? ¿Has dedicado tiempo a rezar en silencio y, de esa manera, poder escuchar su respuesta?

Señor, ayúdame a persistir en la oración, a ser paciente y a prestar atención a las respuestas que me das en mi vida diaria.