Reflexión de Adviento Tercer Domingo de Adviento

"Alegría"

Por Fr. Robert P. Boxie, III Universidad Howard Capellán Católico

El Domingo Gaudete, palabra que significa "alegría" en latín, toma prestado su título de la primera palabra de la antífona de entrada de la Misa del Tercer Domingo de Adviento, y presenta el tema de esta semana, que caracteriza nuestra celebración a medida que nos acercamos al nacimiento de Jesucristo, nuestro Señor. De hecho, el color rosado claro de las vestiduras litúrgicas y de la tercera vela de la corona de Adviento simboliza el gozo de que la espera de nuestro Salvador prometido hace tanto tiempo ha llegado a su punto medio.

El nacimiento de un niño siempre trae consigo una alegría profunda que llena el corazón de todos. La imaginación se nos proyecta fácilmente hacia el futuro y hacia la esperanza que un nuevo bebé encarna para la familia. El mes pasado, experimenté esa gran alegría. La primera pareja que yo había preparado para el matrimonio y cuya boda celebré dio la bienvenida a su primer hijo: un niño saludable. Todo el año había estado esperando yo con paciencia y en oración que llegara este bebé como si fuera mío. El anuncio fue particularmente especial porque la pareja había intentado hacer crecer su familia, pero tristemente los embarazos no habían prosperado. Y en este año marcado como ha estado por una pandemia que no muestra signos de desaparecer y que ha trastornado la vida de todos, yo anhelaba recibir buenas noticias. Inmediatamente le envié un texto al padre: "¡Esta es la alegría y la esperanza que todos necesitamos en 2020!"

Eso era lo que yo pensaba. Mientras me deleitaba con la noticia de ese nacimiento, pronto caí en cuenta de que había otro bebé que también viene... a fines de diciembre. Si el nacimiento de un recién nacido puede ser causa de semejante gozo, ¡cuánto más el nacimiento del Mesías! Su nacimiento fue prometido desde el principio de los tiempos, anunciado por los profetas y anhelado durante siglos por los justos de Israel. También él es portador de enorme gozo, esperanza y libertad, especialmente a los que sufren entre nosotros. Él es la luz que destruye el pecado y la muerte y que vence la oscuridad que nos aflige. Él nos mereció nuestra redención y salvación y nos dio la vida eterna. Su nacimiento es el que prende fuego en el mundo; que genera una paz que el mundo no puede dar y que encarna el amor infinito que el Padre tiene para cada uno de nosotros.

Ésta es verdaderamente la Buena Nueva que todos necesitamos para concluir el año 2020 y para todos los días que vendrán después. No hay nada que pueda privarnos de la alegría y la esperanza que nos causa el nacimiento del Hijo de Dios y lo que él logra para nosotros. Cualesquiera que sean las dificultades que hayamos soportado, cualesquiera que sean las pérdidas que hayamos experimentado y por mucho que haya cambiado nuestra vida, nos regocijamos de todo corazón al saber que Jesucristo viene pronto.