Segunda Semana de Reflexión de Adviento

"Esperando"

Por el P. Mario Majano, Misión San Andrés

"Por favor, espera."

¿Con qué frecuencia se nos hace esta petición? En realidad, la escuchamos en cualquier momento. Desde esperar la bajada de un archivo digital de la Internet, de una película o un show, o la voz que nos indica que hemos de pulsar el botón para cruzar la calle, o la voz al otro lado del teléfono cuando uno espera una respuesta. Por favor, espere.

Por lo general, estas peticiones de espera nos parecen inconvenientes cuando nos retrasan en la consecución de aquello que nos exige nuestra apretada agenda, o las ignoramos mientras buscamos alguna manera de llenar el espacio. Nuestra cultura rara vez interpreta la espera como algo bueno. Desde las entregas de pedidos al día siguiente hasta el recibir instantáneamente respuestas a nuestras preguntas mediante una rápida búsqueda en línea, no hay tiempo entre nuestro deseo y el cumplimiento de ese deseo. Sin embargo, este año nos ha obligado de alguna manera a detenernos y esperar. Hay algo fuera de nuestro control, algo que no podemos subsanar, algo a lo que no podemos simplemente decir "apúrate y sigue adelante". Ha sido difícil. La ansiedad, el temor, la rabia y la división nos han abrumado en los últimos meses. Y al llegar al cierre de este año calendario, la Iglesia comienza uno nuevo, como siempre lo hace, con este maravilloso tiempo del Adviento. Nos recuerda, especialmente en este tiempo tan turbulento, lo que hemos de hacer: "Guarda silencio ante el Señor y espera pacientemente en él" (Salmo 37, 7).

Esperar es bueno, especialmente esperar en el Señor. Edifica la virtud de la esperanza, una expectativa de lo que está por venir, aunque aún no podamos verlo. Esa esperanza nos recuerda que no podemos hacerlo todo, pues no somos Dios. Esa humildad nos recuerda que necesitamos que un Salvador venga y nos libere. Ese anhelo del Salvador nos permite confiar en Él y no en nosotros mismos, lo que en realidad nos libra de la ansiedad y el estrés causados por la necesidad de "tenerlo todo resuelto". La realidad que comprobamos en 2020, y realmente en toda nuestra vida, es esta: No lo tenemos todo resuelto, ¡ni lo tendremos nunca!

Pero está bien. Él sí lo tiene, y ya viene. ¡Espérenlo con paciencia y con mucho anhelo!

Como nos dice el profeta Isaías: "Los jóvenes se fatigan y se agotan, los muchachos tropiezan y caen. Pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, despliegan alas como las águilas; corren y no se agotan, avanzan y no se fatigan" (40, 30-31).

Quienquiera que tú seas, y dondequiera que te encuentres, en algún momento te cansarás por tu propia cuenta. Necesitamos a Cristo. ¡Necesitamos que venga y pronto! Aprende a esperar en Él y serás testigo de una renovación de tus fuerzas que no proviene de ti. Tu espíritu se levantará, con una expectativa gozosa de que Cristo vendrá pronto.

¡Ven pronto, Señor Jesús, ven pronto! ¡Con mucho gusto te esperamos!